Llámenme viejo (44 al escribir estas líneas). Pero yo me acuerdo cuando iba al Estadio a alentar a mi querido Peñarol y a putear al otro cuadro.

Entonaba (junto con el resto) versos de esta estirpe:
"Acá está la famosa banda de Peñarol,
la que va a todas partes, la que llora por vos,
a pesar de los años, los momentos vividos,
yo te sigo queriendo, Carbonero querido,
Carbonero querido."

Claro que no todo eran rosas; cuando llegaba el momento de bardear a los del otro cuadro, interpretábamos groserías de esta calaña (válgame Dios y la santa virgen):
"Sooon cagones, ¡sooon cagones!
Cinco años, que no salen campeones"

Y ni hablar cuando íbamos empatando o (vade retro) perdiendo; ahí sacábamos toda nuestra frustración con cánticos salvajes como este:
"A estos putos les tenemos que ganar, a estos putos les tenemos que ganar"
Como para que se les congele la sangre, ¿no? Unos rebeldes éramos, que para qué les voy a contar.

Pues bien. Los tiempos cambian. Hoy en día usted se puede llegar a encontrar con un cantito como este:
"Los putos del bolso, se quieren matar,
a Diego Posadas, no lo vengas mas,
en la fecha 13, nos vamo’ a encontrar,
pedí la custodia, pal’ Parque Central"

O este otro:
"Y dale dale Peñarol,
que esta banda esta re loca,
solo quiere dar la vuelta, y matar a un tricolor,
el manya va salir campeón,
y vamos hacer una fiesta,
donde hayan muchas putas, marihuana y un papel"

Que pintan un cuadro claro de la situación actual del fútbol y de muchos sectores de la sociedad. Atrás quedaron las cargadas entre amigos de cuadros rivales que no pasaban a más de alguna que otra broma camino al bar luego de un clásico, cada uno con la camiseta de sus amores. Al llegar el mozo alquilaba a uno o al otro según el caso, o a lo mejor él era el rentado.
Ahora tenemos que fervorizarnos al escuchar estas delicadezas:
"Señores voy a la cancha a ver al manya porque es mi vida,
aunque no quieran los bolsos, aunque no quiera la policía,
que vamo’ a salir campeones todos la vuelta vamos a dar,
que vamo’ a quemar el Cerro y a matar otro de Nacional.
La vuelta vamos a dar, vamos a dar, vamos a dar."

Que son llamados a la intolerancia y a la violencia:
"Esta es la banda loca la que sigue a Peñarol,
la que va a todas lados aunque no salgas campeon,
vamo’ a matar un bolso y nos ponemo’ a festejar,
como Diego Posadas todos van a terminar;
fumando marihuana esta hinchada va con vos,
tomando mucho vino siempre haciendo descontrol,
que le vamos hacer si sos cagón si no aguantás,
si siempre salis corriendo si vos nunca te plantás"

El paisito que dejé hace tantos años murió al igual que los antiguos cánticos de las hinchadas rivales, donde uno se cagaba de la risa cuando los del otro cuadro te metían el dedito en el orto con algún versito pícaro y al punto.
Pero hay algo más triste, más desesperanzador aún; cuando supuestamente hinchas y socios centrados, que llevan una vida digamos que normal fuera del estadio, al entrar al mismo se ponen a corear a viva voz la selección de disparates listados más arriba. Eso es lo que más duele. Porque después se quejan del estado de seguridad del país, putean a tal o cual político o policía, pero cuando tienen la chance de demostrar su inteligencia--cerrando la boca--se ponen a cantar con el resto de los violentos.

Sin embargo, muy de vez en cuando, se oye algo que espero sea indicativo que no todo está perdido, algo que te baja la rabia y te levanta el espíritu, algo que te mueve, algo que te hace sonreír; porque te acordás de esa noche, del preciso instante cuando lo escuchastes, y te llena de esperanza que podamos volver a tiempos más simples, más tolerantes, más humanos:
"Y dale alegría, alegría a mi corazón,
la Copa Libertadores es mi obsesión,
tenés que dejar el alma y el corazón,
tenés que dejarlo todo por Peñarol."

Hinchada: dale alegría a mi corazón. Porque yo soy codicioso, y nunca se puede acaparar mucha alegría.