A pocos días del decisivo partido Uruguay - Argentina que es una de las cuatro finales que nos quedan, la atención se enfoca en el modelo, color, kilometraje y consumo de la camioneta que va a levantar a Luis Suárez poco menos que del mismo avión que lo llevará a Carrasco.


Todo sirve para distraer. Todo sirve para que la gente se enfoque en este circo y no en el otro, el que dirije el fosilístico Troesma desde su sarcófago eléctrico. Porque la verdad es que hay que joderse, eh... Primeros cómodos no hace tanto para ahora, cerca del final, volver a la misma de siempre: pelear por el quinto puestito, por el repechaje.

Gracias Troesma por su visión, por su dinámica, por su mente abierta al cambio. Ahora ya sobre el final, cuando se le viene la noche, empieza a dar manotazos de ahogado y a citar "caras nuevas", mientras toda la puta eliminatoria usted mantuvo la vieja guardia.

La verdad Troesma, no veo la hora que renuncie o lo rajen.

Entren a pegar de a uno que aguanto, trompetas.