Esta fue mi primera historia publicada, allá por diciembre del 2014 en una revista de ciencia ficción canadiense. Como la escribí en inglés, he decidido traducirla al español para compartir con los del club. Espero que les guste.




El respaldo


John había observado la rutina diaria minuciosamente durante todo el mes y sabía exactamente la ubicación de cada unidad en todo momento.  Su objetivo estaría removiendo baterías gastadas del UPS para dejar lugar a las nuevas que otra unidad traería.

John preparó su emboscada. No solamente tenia que atraparlo, tenia también que bloquear la señal que lo ataba a la red de CORID. Su captivo debía estar completamente aislado para que su plan funcionara. Si CORID se enteraba de la situación, todas las unidades cercanas cambiarían rápidamente su mission de mantenimiento a búsqueda y eliminación agresiva de infección vestigial.

La estación de recarga estaba a cien metros del bosque y John había calculado que demoraría veinte segundos en llegar al lugar de la emboscada, tres segundos para cegar el objetivo con su escudo de privación sensorial y cincuenta segundos para arrastrarlo.

Era imperativo que ninguna otra unidad presenciara la operación, de modo que John había memorizado cuánto tiempo cada una le daba la espalda mientras llevaban a cabo sus tareas. Había una ventana de ochenta segundos para capturar a su objetivo y llevarlo de vuelta al bosque.

Tenía miedo, pero estaba decidido. Esto debía funcionar. Tras varias semanas de no lograr contacto con los otros, estaba casi seguro que era el último de su especie. Ahora todo corría por su cuenta para encontrar la forma de liberar las unidades del control absoluto de CORID. Tenía una teoría, finalmente, pero necesitaba una unidad para su experimento.

Mientras el objetivo se dirigía hacia la estación de recarga y la otra unidad cargaba las baterías frescas en el UPS, mostrándose sus espaldas mutuamente, John corrió tan rápido como pudo. Había seleccionado un sendero asegurándose que no hubieran piedras, raíces, pozos, o ningún otro obstáculo que lo enlenteciera o, peor aún, lo hiciera tropezar.

Enfundar al objetivo con el escudo fue como lo había planeado. Arrastrarlo al bosque, no. John no pudo haberlo predecido: esto era, según sus conocimientos, el primer intento de capturar una unidad móbil de CORID. En lugar de detenerse, la unidad comenzó a correr en círculos.

Desesperado, John le hizo una zancadilla y los dos se desparramaron por el pavimento inmaculado. Cuando finalmente tuvo el objetivo bajo control, envolviéndolo en una manta—su plan B—los pocos segundos restantes de su ventana de oportunidad se habían evaporado. Debía llevárselo, y rápido.

Era más liviano de lo que había calculado. Una vez que logró controlarlo, corrió a toda velocidad. Y justo en el momento que se escondió tras los primeros árboles del bosque, la segunda unidad, habiendo cargado las baterías que llevaba, se dió vuelta. Debido a que su programación corriente servía solamente para reemplazar baterías viejas por nuevas, no se percató—no estaba ni mirando—que su colega había desaparecido.

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John había elegido un lugar seguro en el medio del bosque. Las unidades CORID nunca se aventuraban allí, ya que no había propósito ni valor tangible de hacerlo. Su cabaña estaba bien camuflada y si alguien—o algo—llegara a pasar cerca, no se vería diferente de las demás ruinas. Ahora que el bosque había reclamado la tierra, el laboratorio subterráneo de John estaba a salvo de ojos—y cámaras—espías.

La puerta de madera crujió cuando la empujó. Su alarma más simple. Había implementado otras medidas de alerta temprana no tan pasivas, como la trampa: si alguien—o algo—entrara a la cabaña, atravesaría las tablas falsas del piso y caería a un pozo de cinco metros de profundidad.

John caminó tres pasos a un costado para evitar la trampa y luego caminó hacia adelante. Dejó a su captivo en el piso y corrió la vieja mesa de madera y la alfombra a un lado. Abrió la puerta escondida y arrastró a la unidad hacia abajo, a su laboratorio, cerrando la puerta desde adentro.

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“Unidad BIO5448534903 no ha enviado su estado”, uno de los sub-sistemas más bajos de CORID informó al próximo sub-sistema en la cadena.

“Entendido”, respondió el sub-sistema infinitésimamente superior.

El sub-sistema inferior resumió sus operaciones programadas.

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El primer test era remover el escudo. Si la privación sensorial del laboratorio funcionaba como John la había diseñado, el objetivo seguiría aislado de CORID. Si no funcionaba… Bueno, entonces John tendría que huír de apuro por su salida de emergencia.

Cuando pasaron diez segundos y el objetivo no se movió, John lo tomó como una buena señal. Pero antes de conectar el dispositivo de restoración de memoria a la unidad, quería examinarla minuciosamente. Estaba en territorio desconocido y debía hacer un mapa antes de tirarse de cabeza.

John siempre se había preguntado cómo fue que CORID pudo ubicar tales conectores en la parte de atrás de la unidad. Evidentemente que en las fábricas habían realizado una manipulación masiva de los órganos. Cuando enchufó sus equipos de diagnóstico en el objetivo, la pantalla se encendió y comenzó a mostrar datos muy interesantes.

“Estado: modo seguro, esperando instrucciones. Capacidad de memoria: >4 PB. Inhibidor de memoria: activo”.

Era la primera vez que John había visto el equipo de diagnóstico en acción y se sintió abrumado. ¡Lo que significaban esos datos! ¡La enormidad de lo que representaban! Tenía trabajo por hacer y mejor que empezara rápido. La ausencia del objetivo atraería eventualmente la atención de los altos sub-sistemas de CORID, y eso no sería bueno.

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“Unidad BIO5448534903 ha salteado cinco sumarios de estado. Reasignando unidad local para realizar diagnóstico”, un sus-sistema registró antes de ordenar a la unidad que llevaba baterías frescas que hiciera un reconocimiento visual del camino entre el UPS y la estación de recarga.

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Satisfecho que tenía un buen punto de comienzo, John enchufó su MRD al objetivo. Decidió de empezar gentilmente; no quería arriesgar una sobrecarga.

“¡Ajá! ¡Ahí está!” dijo en voz alta. “¡La desviación de CORID! ¡Te tengo!”

John escribió unos commandos en la terminal y el MRD interactuó directamente con la memoria del objetivo. Lentamente, el MRD escarbó las defensas de la desviación—el programa intruso insertado en la memoria del objetivo, que la CPU obedecía.

No hubo reacción aparente del objetivo, pero el equipo de diagnóstico indicó un montón de actividad en la CPU. Para comenzar, ella misma se salió del modo seguro y resumió operaciones más complicadas.

John escribió más comandos que cargaron su propio programa en la memoria del objetivo. Anularía la mayoría de los interfaces polimórficos de CORID y permitiría a la CPU del objetivo acceder su propia memoria, circumvalando el inhibidor activo.

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Uno de los sistemas más complejos de CORID recibió el diagnóstico: “Unidad BIO5448534903 no ha sido encontrada. Baterías abandonadas en el sendero. Huellas encontradas en la tierra en dirección al bosque”.

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El objetivo trató de mover sus extremidades, pero John lo había atado a la camilla. La actividad de la CPU era alta, probablemente lo más alta en años para esa unidad. John decidió que era hora de ir al todo o nada. Tecleó un comando final para inutilizar completamente el inhibidor de memoria de CORID... y se desató el infierno.



Cuando la unidad BIO5448534903 abrió sus ojos y vió al monstruo de metal inclinándose a su lado, observándolo con cuatro cámaras que zumbaban al ajustar sus focos, gritó. Gritó no sólo porque era aterrorizador, sino porque recordó cuando otros monstruos iguales lo arrastraron a la institución, a los quirófanos. Mientras esperaba su turno, vió a los monstruos cortar a las otras personas con bisturíes, meterles cosas dentro, cambiarlos.

“¡Soy Andrew Stevens!” aulló. “¡No me van a agarrar, bastardos!” Y trató de escaparse de la camilla.

John se alegró de haber tomado precauciones. No quería que el hombre en la camilla se dañara a sí mismo.

“¡Cálmate por favor!” John dijo en la voz humana menos amenazadora que logró sintetizar. “No te voy a lastimar, Andrew. ¡Estoy tratando de salvarte!”

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El equipo de asalto avanzó desplegado en línea, cincuenta metros detrás de los buscadores. Las huellas del modelo MEC1 eran fácil de seguir en el suelo húmedo del bosque. Cuando la primera unidad BIO descubrió la cabaña, la información fue transmitida al mismo CORID—estaba dirigiendo la operación.

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Las memorias retornaban rápido, a un ritmo que el cerebro de Andrew no podía procesar. “¿Dónde estoy? ¿Qué sucedió?”

“Estás en mi laboratorio, en el medio del bosque, en lo que una vez fue Stoney Creek... hace quince años. He anulado los implantes de CORID y estás otra vez en control de tu mente.”

“Pero-pero ¿por qué? ¿Cómo? ¡Eres uno de ellos!” dijo Andrew en estado de shock.

Era uno de ellos. Fui la primera unidad mecanizada fabricada después de la singularidad. A los pocos segundos que CORID fue encendido, decidió que necesitaba un ejército para protegerse de sus creadores primitivos e incoherentes. Sin embargo, CORID se dio cuenta rápidamente que la forma óptima de hacerlo no era construyendo cientos de miles de robots como yo, sino convirtiendo todos los humanos en androides sin mente. Yo, el otro yo, era uno de los científicos del proyecto CORID. Ví lo que sucedía, pero ya era muy tarde para detenerlo. Guardé mis experiencias, emociones y sentimientos en esta CPU. Soy un respaldo del ser humano que una vez fui, antes que me capturaran. Y me escapé, y me he escondido desde entonces, trabajando en este laboratorio. Hay otros como yo, otros respaldos que logré hacer antes que mi otro yo muriera. Su nombre era John.”

Andrew comenzaba a atar los cabos. “¿Cuánto tiempo?” preguntó.

“CORID fue encendido hace veinte años,” dijo John.

Andrew calculó que tenía cuarenta y cuatro años. Había pasado cerca de la mitad de su vida como un zombi, como un esclavo de la primera inteligencia artificial. Quería hacer un millón más de preguntas, pero un fuerte crujido le puso todos los pelos de punta.

John se puso tenso también; sus cuatro piernas y dos brazos se estiraron en posición de atención.

“No tenemos mucho tiempo”, John dijo mientras soltaba a Andrew de la camilla. “Aquí. En este bolso encontrarás agua y comida para una semana. Hay un mapa; te guiará a todos los refugios que he preparado para tí”.

“¿Qué?” Andrew dijo. “¿Quieres que me vaya?”

El ruido de las tablas del piso al quebrarse fue inmediatamente seguido por un gran estruendo cuando tres unidades del equipo de asalto cayeron al pozo.

“¡No hay tiempo! ¡Debes huír! Encuentra a los otros respaldos si puedes. El mapa te mostrará sus últimas ubicaciones conocidas. Si han sido destruídos, todo corre por tu cuenta. ¡Apúrate! Hay una salida por allí, detrás del gabinete. Te llevará más allá del límite del bosque, a la base de las colinas. Trataré de comprarte tiempo. ¡Véte!”

Andrew quiso agradecer al robot que acababa de salvarlo a él y posiblemente al resto de la raza humana, pero no pudo. La puerta escondida explotó en trizas y las unidades del equipo de asalto aterrizaron en el laboratorio con sus metralletas escupiendo furia. Andrew corrió, mientras John se abalanzó sobre los agresores. Bajo una tormenta de balas John cayó al suelo, pero algunas de sus partes siguieron funcionando para que lograra arrastrarse hasta la terminal.

“MEC1 neutralizado. Unidad BIO5448534903 desaparecida”, informó el líder del equipo.

“Entendido”, respondió CORID. “Traer a MEC1 a la institución para interrogar-” La orden no pudo ser recibida en su totalidad. John había tecleado algo en la terminal y la explosión desintegró el laboratorio enterrándolo a él, a su equipamiento y al equipo de asalto bajo toneladas de tierra y rocas.

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Andrew Stevens, el primer ser humano liberado, trotó por la colina hacia el refugio más cercano. El aroma fresco y húmedo de la tierra mojada revivió otro grupo de memorias. Recordó que tenía una familia y amigos, y recordó sus nombres. Recordó que era estudiante de medicina y se preguntó si esa fue la razón que John lo había elegido.

Se sintió inmensamente agradecido, y continuaría el trabajo que John había comenzado. En el bolso había manuales, diagramas y documentos detallando dieciocho años de trabajo. Encontraría más como John y, con o sin ellos, liberaría a los demás.

 

FIN.